El valor de la riqueza

por Julián Segarra Esbrí.


     Al oeste de México hay una pequeñita península de solo 1300 Km. de longitud que es separada del continente con el llamado golfo de California. Al norte de esta zona de los Estados Unidos Mexicanos, nacen los Estados Unidos de América lindantes con los estados de California y Arizona, en dónde nació y vive un Cliente consumidor de uno de mis destilados cuyo nombre no quiero publicitar y que hace un tiempo se interesó por cierta información histórica sobre mi destilería en el contexto de España.

     Preparada la documentación y colgada en la red para general conocimiento de todas las personas amantes del saber, recordé accidentalmente que en la bahía de Cádiz hay una isla a la que llaman de Trocadero. Siempre es curioso recordar las lecciones que con tanto esfuerzo nos enseñaron los Sres. Maestros de la escuela durante los años de estudio, cuando el día 31 de agosto de 1823 Luís Antonio de Borbón y Saboya, Duque de Angulema al mando de las tropas enviadas por el rey francés Luis XVIII con el nombre Los cien mil hijos de San Luís, puso fin al Trienio liberal español restaurando la monarquía absolutista de Fernando VII.

     Parece ser que se habían situado en la orilla del canal de la Cortadura por ser el único acceso al istmo, diversos sistemas defensivos para impedir el avance de las tropas francesas a la ciudad de Cádiz lo que dificultaban un posible avance de la infantería francesa con diversas líneas de trincheras y montículos dispuestos con artillería, pero los galos, bombardearon las posiciones españolas como las defensas del Trocadero y en la noche del 31 de agosto, con las bayonetas alzadas y el agua a la altura del pecho, atravesaron sigilosamente el canal y accedieron a las primeras líneas de defensa cogiendo por sorpresa a los españoles y en la oscuridad nocturna, la confusión se adueñó de la tropa en un gran desconcierto que provocó un caos convirtiéndose en tragedia. El teniente coronel José Grases que estaba al mando de la plaza, ordenó la retirada con objeto de recomponer la situación y fue cuando los franceses aprovecharon las defensas abandonadas, aniquilando con unas pocas granadas de mano a la gran mayoría de los soldados que todavía huían.

     La batalla de Trocadero fue un golpe de mano muy efectivo pero que para la historia española parece que pasa inadvertido porque nos es difícil reconocer nuestros errores. Hoy con los medios de comunicación al alcance de muchas personas, con los recuerdos fotográficos de los viajes ociosos de tus vecinos, te enteras de muchas cosas y aunque nunca estuve en París, parece ser que frente a la mundialmente famosa Torre Eiffel, al otro lado del río Sena, hay unos jardines conocidos como jardines de Trocadero.

     Es curioso enterarse, que para conmemorar la victoria de una escaramuza, en París se dio el nombre de la isla española y del Fort San Luís a una plaza ajardinada, que el duque de Angulema recibiera el título de Principe de Trocadero y que el escritor François-René de Chateaubriand lo recordara en sus memorias por aplastar a los españoles en un paso, por tener éxito donde Bonaparte fracasó, por triunfar en la misma tierra donde los ejércitos de aquel gran hombre sufrieron la adversidad (nunca la derrota) y por hacer en seis meses lo que Napoleón no pudo hacer en siete años.

     Y es que en España somos diferentes, hasta con la cantidad de cosas que podemos celebrar tras los miles de años de historia de nuestro pueblo, con todos los acontecimientos vividos y recordados con los que honrar a nuestros predecesores, nos perdemos en las pequeñas diferencias que nos separan como personas y olvidamos a las grandes efemérides que sentimentalmente nos unen.

© Copyright Julián Segarra Esbrí - 2.016

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